7 Octubre 2018

AHORA TODOS SOMOS BUENOS

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CAMILO ESCALONA
EX SENADOR

A pesar que hay muchos pinochetistas con contrato reciente el NO se tomó La Moneda, llamando la atención que el triunfo del 5 de octubre de 1988, tenga ahora tantos adeptos, y que muchos de aquellos que con irrefrenable soberbia apoyaron a Pinochet y justificaron lo injustificable, se hagan los inocentes para eludir su responsabilidad política.

Tampoco se trata de ser vengativo, no hay líderes o dirigentes infalibles y muchas personas han cambiado con autenticidad de opinión y dicen haber cometido un error. Es un tema de conciencia a nadie se le puede obligar. Otra cosa son las responsabilidades políticas, materia en que el núcleo conductor de la derecha desea “pasar piola”, y eludir que sostuvieron largo tiempo la dictadura.

Cuando esto pasa pareciera que ya no se trata de una fecha histórica sino también de un efecto milagroso, la oruga se vuelve mariposa y surge la pos verdad “chilensis”, no hubo un duro proceso de derrota del dictador que usó y abusó del Estado para sus fines criminales, sino que el Plebiscito sólo era la implementación del “itinerario” constitucional que, simple detalle, mantenía el régimen dictatorial en el poder.

En esta manipulación de la historia se ha incorporado el Presidente de la República, que desde los salones del gobierno ha realzado el buen nombre y conducta de los perseguidos y de sus perseguidores, de víctimas y victimarios; de ese modo, valoró sin sentido del ridículo a la Concertación por el NO, la coalición que logró vencer y al dictador que tuvo que reconocer la derrota.

Este deseo de querer situarse por encima de los protagonistas, como supuesto bonachón padre de familia, ha caracterizado a ciertos gobernantes populistas, o muy astutos o muy pretensiosos, que tienen la idea de estar por encima del bien y el mal.

En su análisis de la situación en Francia, a mediados del siglo XIX, Carlos Marx, en el texto titulado: “El XVIII brumario de Luis Bonaparte”, abordó esta singular conducta denominándola “bonapartismo”, se trata del deseo del gobernante que todas las clases y vertientes sociales, aún enemigas entre sí le apoyen, incluso cuando sus intereses son totalmente contradictorios y las propias decisiones de la autoridad les aplasten. Es el exceso del monarca, que pretende congregar en él la voluntad de los demás.

Acá en democracia, hay un caso similar, nada más opuesto que los torturados frente a los torturadores, no hay antagonismo mayor que la libertad versus la opresión, pero en un sorprendente ilusionismo, el gobernante aparece magnánimo y aplaude las dos opciones incompatibles al mismo tiempo. En tal caso, si resulta el artilugio sólo puede haber un ganador: él mismo.

A las fuerzas políticas y sociales que con gran esfuerzo y a un alto costo humano lucharon y derrotaron la dictadura, les resulta inaceptable tan evidente intento de manipular la situación producida, es un agravio para obtener una efímera aunque codiciada popularidad, encubriendo lo que hizo Pinochet durante años, en especial, esa noche del 5 de octubre para desconocer el veredicto de la ciudadanía, imponerse por la fuerza a la voluntad popular y perpetuarse.

Piñera tiene a favor haber respaldado el NO, lo hizo en un momento clave perteneciendo a un acomodado círculo tecnocrático en que no era fácil hacerlo, por tanto, no tiene que intentar trucos de equilibrismo donde estos no pueden hacerse o resultan inaceptables.

En todo caso, que hoy todas las fuerzas se consideren democráticas, que las voces pinochetistas sean acalladas como ridículas o fuera de lugar, y que el terrorismo de Estado de la dictadura repugna a la conciencia moral de la nación chilena, viene a ser la mayor victoria del NO y de todos y todas quienes, desde el 11 de septiembre del 73, lucharon por la libertad de Chile.