14 Marzo 2017

APUNTES CIUDADANOS: ¿ENTRE PIÑERA Y GUILLIER?

ANDRES GILLMORE
ANDRÉS GILLMORE

El escenario actual de la política chilena difiere radicalmente de lo que vivíamos en el 2009 cuando fue elegido Sebastián Piñera de la Alianza por Chile. En ese entonces el país buscaba reformular la forma de hacer política. Lo que sucede en la actualidad difiere totalmente de esa realidad y lo que se busca hoy, es que definitivamente la política se transforme en un reflejo de las necesidades reales del país y no en un manojo de intereses creados de las grandes corporaciones internacionales, para usufructuar de las riquezas naturales y de mercado que ofrecemos como país. El mundo ciudadano esta tremendamente desesperanzado de la ingobernabilidad en formas y protocolos que se ha hecho parte de nuestra realidad y que en la actualidad no exista atisbo alguno, que se lograra con el recambio que pare la corrupción que habita en las profundidades administrativas y políticas del país.

Cuando Sebastián Piñera se hizo cargo de la Moneda en el 2010, pocos recuerdan que tuvo que presentar un programa de gobierno para lograr el objetivo en las elecciones, simplemente se limitó a exponer las deficiencias de la Concertación y con eso le basto para ser elegido Pdte. El descontento que reinaba en esos años comparados con los actuales son cosa de niños y aunque Michelle Bachelet dejó la Moneda con un supuesto 80 % de aprobación a su gestión personal, no fue capaz de traspasarlo a Eduardo Freí Ruiz Tagle (DC) que era el candidato del continuismo.

En la actualidad sabemos que las encuestas no son todo lo que creíamos que eran y debemos asumir que son manipuladas por los intereses corporativos para posicionar redundancias políticas de quienes las financian, haciendo plenamente factible que el 80 % de apoyo que supuestamente tuvo Michelle Bachelet al terminar su primer gobierno, haya sido un espejismo creado por los intereses creados y nada más.

Personalmente en el 2009 vi con buenos ojos la llegada de Sebastián Piñera a la Moneda, porque representaba la cara inversa de lo que venía haciendo la Concertación por casi dos décadas y eso le bastaba en ese entonces al mundo ciudadano y se espero un futuro mejor y que bajo el nuevo hacer, se iría hacia la despolitización de la gestión de los gobiernos regionales y se desarrollarían los ansiados Planes de Desarrollo Regionales, tendríamos un gobierno participativo y representativo y los intendentes trabajarían mancomunadamente con las comunidades que representaban.

Todo fue un espejismo y la esencia misma de lo que representaba la Alianza por Chile se manifestó con toda su potencia y la decepción del mundo ciudadano regional fue grande y póstumo de lo que se tuvo que vivir bajo esa administración. Aunque el gobierno recibió un saldo bancario nacional muy positivo, con suculentos bonos del tesoro por los ahorros conseguidos producto del buen precio del cobre y la gran oportunidad que representaba para la nueva administración iniciar el proceso de reconstrucción del país después de la terrible catástrofe 27F, al final todo quedó en lo que pudo ser y no en lo que debió haber sido y perdimos la gran oportunidad de haber marcado una diferencia importante, de haber generado un precedente de proporciones para enfocar definitivamente la sustentabilidad política del país, reinventando positivamente la forma del hacer, que permitiese seguir creciendo con un modelo de desarrollo económico con visión de futuro y sustentable por sobre todas las cosas. La decepción fue tan grande en el mundo ciudadano, que la Alianza por Chile poco y nada pudo hacer para que Michelle Bachelet volviera en gloria y majestad a la Moneda.

Si algo tenemos claro desde el mundo ciudadano, es que si la derecha quiere tener alguna expectativa de volver a la Moneda, tendrá que tener la capacidad de entregar las garantías suficientes de que esta vez se gobernará con armonía, balance y sentido común, con un programa de gobierno que tome las preocupaciones ciudadanas como algo propio y no se apegue como en la pasada administración de defender a rajatabla los intereses empresariales. De no hacerlo no tiene oportunidad alguna y en el mejor de los casos, dar una buena pelea y nada más.

Es difícil olvidar que la Ley de Pesca fue planificada y aprobada bajo el gobierno de Sebastián Piñera y que la estrella de su gobierno el ministro de economía, Pablo Longueira, en la actualidad imputado por cohecho, llegó al gobierno con el objetivo de manipular el congreso y haber pactado con los industriales pesqueros la financiación de su campaña para llegar a la Moneda a cambio de sacar adelante la ley de pesca. Cuesta olvidar que bajo esa misma administración se aprobó HidroAysén y una serie de proyectos mineros y energéticos, que han destruido el medio ambiente y la proyección de vida y de desarrollo de cientos de comunidades de norte sur de cordillera a mar; que su subsecretario de Minería, Pablo Wagner, esta declarado como imputado por cohecho por las concesiones del litio que soterradamente entregó a SQM y por su intromisión en el tema de la mina Dominga en la región de Coquimbo. Que ese mismo gobierno de la Alianza por Chile reprimió los Movimientos Sociales de forma tan brutal y extemporánea, que recordó los tiempos de la dictadura cívico-militar.

Con Alejandro Guillier todo es una gran incógnita, su poca experiencia política puede asustar a muchos más que el mismo Piñera, pero a la vez se transforma en lo que podría ser su base de sustentación más confiable, ante un mundo ciudadano cansado de la politiquería que reina en la actualidad. Hasta ahora el precandidato independiente no ha dado muestras de cómo resolverá los grandes desafíos que le esperarían si llegase a la Moneda y solo ha presentado opiniones.Su viaje a China con gastos pagados por el país asiático, solo ha hecho surgir incertezas de cuáles fueron los verdaderos objetivos del viaje, generando incertidumbre y dado pie para que la contraparte lo acuse de haber viajado con la intención de pedir financiación para su campaña a cambio de promesas de futuros contratos.

Lo que más complica de la precandidatura de Guillier y tendrá que resolverlo con urgencia si quiere encauzar definitivamente su campaña, es aclarar quiénes son su equipo de trabajo, con quien gobernaría y bajo qué bandera concretara su candidatura. Interrogantes que generan incertidumbre en el mundo ciudadano. Se tiene claro que Guillier es un hombre de izquierda, pero es indudable que no es lo mismo ir como independiente, o que fuera bajo el recaudo de algún partido tradicional y mientras antes lo clarifique mejor para el futuro del país.