17 Abril 2019

AYSÉN DEBE CUIDAR SU DENOMINACIÓN DE ORIGEN Y SU SELLO VERDE

ANDRES GILLMORE
Andres Gillmore

Desde la irrupción de las salmoneras en los años 90 y el fallido proyecto Alumysa, se dio inicio a un nuevo proceso en Aysén y dio el inicio a la irrupción de las transnacionales en la región, pasando por los fallido proyectos como HidroAysén y Central Cuervo. Desde ese entonces tenemos dos bandos que disputan las formas y los fondos nivel regional. Están los que creen que Aysén debe tener sus objetivos planteados bajo la perspectiva de la sustentabilidad territorial, social, cultural, medioambiental y escénica y bajo ese fundamento entregarle a la población bienestar y calidad de vida, teniendo como base de sustentación la denominación de origen y el sello verde inherente a la región; que potencializa cualquier proceso productivo y de servicios que se preste.

 

Por otro lado esta la gente de los partidos políticos, los gobiernos regionales y los representantes de los grandes empresarios; que creen que Aysén debe manejarse en los temas de desarrollo productivo por el mercado, que lo importante es crecer a como de lugar para ofrecer trabajo, sin importar cómo y el porqué, olvidándose de la sustentabilidad, la denominación de origen y el sellos verde; haciendo todo lo posible para que las transnacionales salmoneras, mineras y energéticas trabajen en Aysén, para que inviertan sin preocupaciones y todo sustentado bajo la teoría del chorreo, que supone mejoraran las condiciones de vida de las comunidades. El famoso “chorreo” se ha transformado en un simple “choreo” de la riqueza regional y de la sustentabilidad y la proyección de futuro de la región, permitiendo que las transnacionales abusen de la territorialidad regional, contaminando y destruyendo todo lo que tocan, con gobiernos regionales manipulados desde La Moneda, que poco y nada les importa la sustentabilidad del territorio aysenino y que abogan por mezquinos intereses partidistas y empresariales, con el único objetivo de ganar elecciones y mantenerse en el poder.

 

Es poco entendible que esta casta de gestores políticos regionales, que no tengo dudas es gente preparada y estudiosa, no entiendan que como región patagonica, si continuamos esquilmando la sustentabilidad y la proyección de futuro y no se mejoran las condiciones en que las formas productivas y de servicios se relacionan con el territorio, ese seudo crecimiento en pocos años destruirá Aysén y que es la gran preocupación de los que entendemos que la sustentabilidad del futuro de la región, en la actualidad se esta esquilmando a raudales y deteriorando la energía vital del todo territorial a niveles insospechados.

 

Desde los años 90 que se viene diciendo que Aysén tiene la gran oportunidad de marcar una diferencia positiva como territorio, dada sus características naturales. Pero cada día se hace más complejo planificar estrategias de desarrollo de acuerdo con las necesidades regionales. hasta los días de hoy no existe un Plan de Desarrollo Regional con manejo de cuencas, que marque la senda de lo que se necesita de acuerdo con las ventajas y desventajas comparativas. El tiempo no pasa en vano y lo que se dijo en esos años esta sucediendo y no se han desarrollado estrategias que tanto se estudiaron en esos años, para que ese desarrollo este de acuerdo con las necesidades reales de la región. Tampoco se cuenta con diagnósticos de capacidades de carga que esten bien estructurados con la realidad. A nivel nacional se han revelado las magnificas potencialidades y las variables de los contextos de un todo que esta sumergiéndose en una decadencia y preocupante realidad, que Aysén se esta transformando en lo que pudo ser y no en lo que debería ser.

Todo lo que este relacionado con desarrollo humano, esta en estricta comunión con el manejo ambiental y no deben estar en contra posición del sentido común de los objetivos de los diferentes intereses empresariales, que por increíble que pueda parecer, estan en total contraposición con la realidad de las localidades y su proyección de futuro. La búsqueda de esa realidad genera en el entorno ideológico una gran variedad de definiciones, que dependen del punto de vista que se adopte para analizarlos y los elementos que se incluyan para estructurar parámetros de desarrollo sustentables, que le permitan al Aysén de todos transitar armónicamente hacia al desarrollo. Toda estrategia debe tener la capacidad de definir los intereses regionales ante las nacionales; entendiéndose que el desarrollo social no es matemático y que el orden de los factores altera el resultado y mucho, marcando diferencias entre regiones bien o mal estructuradas.

Aysén como territorio hace rato que esta mal planificado en sus fundamentos de desarrollo, porque los distintos gobiernos regionales han intentado establecer estrategias que se contraponen con la esencia regional; reflejando el centralismo con que se toman las decisiones. En pleno siglo 21, resulta inadmisible que las decisiones sean tomadas por entes que no entienden los valores que deben tomarse en cuenta a la hora de decidir cuales son las mejores estrategias para un Aysén sustentable.  

 

La unión social que se construye en una región patagonica, no sólo es producto de los lazos físicos, biológicos o distintivos de aquellos que conforman el todo social-territorial, o del empuje exterior de los factores coactivos predominantes. Aysén es por sobre todas las cosas y desde los tiempos de la colonización a la fecha, la unión que nace de la toma de conciencia del conocimiento de lo que se es y se representa, puesta al servicio de las comunidades y como resultado de la voluntad del gran todo aysenino, sin afectar la denominación de origen y la proyección de futuro, que esta sustentado en la mantención del sello verde.

 

La economía es una parte sustancial de cualquier región que se precie a si misma y es una herramienta de subsistencia del sistema social, ante los procesos de extracción, producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios. La economía debe estar relacionada inherentemente con la conducta cultural que han desarrollado las comunidades y que va en estricta relación con los fines y los medios que se posean ante los usos alternativos de los bienes regionales. La diferencia entre regiones bien y mal sucedidas, esta en cómo estas utilizan los recursos propios para producir bienes con valor agregado y cómo llevan a cabo la distribución de esos bienes y si los servicios prestados son sustentables y de acuerdo con las capacidades de carga estructurales del territorio en si mismo.

 

La economía regional de una región con las características de Aysén, debe estar al servicio de las comunidades y no puede estar al servicio de la economía centralista como sucede en la actualidad en nuestro querido y amado Aysén. Porque bajo ese presupuesto desvirtuado ideológicamente, se generan dicótomas existenciales de alto impacto, que entre otras cosas permite abusos de todo tipo en la relación ambiental y laboral de las empresas con las comunidades.

Ideológicamente nos han dicho hasta el cansancio que crecimiento es desarrollo y no es verdad. Crecimiento es cuando a las empresas les va bien. Desarrollo, es cuando las empresas comparten las ganancias de ese crecimiento, por medio de mejores condiciones laborales, salud, educación, pensiones justas, un medioambiente limpio y sustentable para todos. Poco hemos visto de eso en Aysén en los desarrollos mineros y salmoneros que se han ejecutado hasta la fecha. Para proyectar un desarrollo sustentable y se proyecte adecuadamente en las comunidades, es necesario contar con instituciones cumpliendo su función como protector de los principios, las leyes y los objetivos que la región ha dispuesto y esto no esta sucediendo en Aysén en la actualidad.

 

El desarrollo económico debe contribuir al orden existencial, determinando la justicia social y ambiental dentro de un proceso histórico con proyección de futuro, permitiendo una distribución equitativa del producto Interno Bruto (PIB) regional, con un sistema impositivo que este a la altura de las necesidades de los objetivos, incrementando la protección social histórico-cultural y medioambiental del territorio regional, corrigiendo las diferencias estructurales que se construyen naturalmente cada cierto tiempo en el modelo. Crear políticas de igualdad de oportunidades en todos sus niveles sociales, para que la economía este al servicio de la región y no la región al servicio de la economía.