22 Septiembre 2014

AYSÉN LA TIERRA PROMETIDA QUE DEBEMOS SABER RESPETAR

Andres
Andrés Gillmore

En los últimos años hemos podido constatar la llegada a la región de lo que podría denominarse la colonización moderna, por personas, entes o transnacionales, que se han allegado a la región en busca de la tierra prometida por distintas razones largas de enumerar y adelantándome a lo que muchos dirán; esto no se reduce solamente a los casos de Tompkins y Luksic, son muchos más los que han llegado a la región y en esta lista debemos considerar también a HidroAysén y Energía Austral.

Realidad que ha venido acarreándonos serios problemas para la sana convivencia de la región en todo orden de cosas. Una de las tantas aristas de los innumerables temas que con llevan la llegada de intereses foráneos, es lo que tiene que ver con las servidumbres de paso. Tema complejo ante los grandes intereses que estas servidumbres otorgan a sus dueños en lugares estratégicos, que no permiten a los vecinos llegar a sus propios predios o al público en general tener el acceso que por ley tienen derecho a ríos, lagos, glaciares, ventisqueros y bosques, coartando la libre circulación y en muchos de los casos, la posibilidad cierta de concretar emprendimientos propios, desbalanceando la posibilidad de poder optar a las oportunidades que por ley se les debe conceder.

En la actualidad no existe una regulación competente ante la problemática, que permita contar con una franja pública reconocida, que permita la libre circulación entre los predios y otorgar un acceso público y reconocido a destinos de interés general. La problemática es tal, que esta generando actitudes matonescas por muchos de los nuevos propietarios. La autoridad competente debe saber tomar cartas en el asunto, normando las servidumbres para que estén incluidas en las compraventas y en los casos en que no estén identificadas por la autoridad, hacer el estudio competente, que en este caso seria responsabilidad de Conaf y SAG, evitándose las disputas que quedan luego de las ventas, que en muchos de los casos coartan las posibilidades de desarrollar emprendimientos comerciales orientados el turismo de intereses especiales por parte de los locales.

Muchos de los que han comprado tierras en Aysén en los últimos años, de una u otra manera tienen un denominador en común, ignorancia total de la historia de la región, falta de sentido común a la hora de dictaminar sus formas y proyectarse ante las comunidades, des respetando lo que siempre ha sido en este caso especifico, los pasos por la cual se ha transitado desde siempre, creyendo que pueden avasallar con actitudes matonescas.

La historia de la colonización de Aysén se ha caracterizado desde siempre, por haber sido desarrollada por gente esforzada al cual nadie les regalo nada, que entendieron desde el mismo comienzo que la tarea no seria nada fácil. Incluso hoy que comparativamente se podría decir que “todo es más fácil” pero con una vida mucho menos real de acuerdo con los parámetros históricos de Aysén, igualmente encontramos grandes dificultades, con innumerables variables que complican de sobre manera la existencia de cualquier emprendimiento, para que además le dispongamos de otro, como el no reconocimiento de los pasos que se han utilizado desde siempre en los accesos rurales a los diferentes predios.

Aysén a lo largo de su corta historia de vida, llena de vicisitudes épicas y plagados de héroes anónimos que entregaron su vida para que otros pudiesen lograrlo, dejan de manifiesto que si tuviésemos la mitad de la fortaleza que tuvieron los que llegaron primero y solo un poco de esa fuerza interior que ellos demostraron, aplicados a lo que somos y representan al día de hoy nuestros seudos lideres, la realidad seria muy distinta y no pasaríamos las grandes zozobras actuales y el profundo des respeto que enfrentamos hacia nuestra cultura y forma de hacer, poniendo en tela de duda lo que somos y representamos, por intereses centralistas que no corresponden y que en verdad solo quieren apoderarse de lo que tenemos para usufructuar de ellos.

Tuve la suerte de llegar a la región en momentos diferentes a los actuales, cuando la región se sustentaba económicamente en la ganadería y la posibilidad de conocer a muchos de esos hombres que habían vivido de toda la vida en el mundo rural. Colonos de primera y segunda generación, que tal ves no tenían el don de la palabra, o no contaban con una educación reconocible como tal en los tiempos de hoy, pero cuando los recuerdo con la perspectiva de la realidad que vivimos actualmente, responde a muchas de las interrogantes que explican el porque hoy es tan difícil poder consolidarnos a pesar de todas las ventajas comparativas que tenemos y el porque muchos de los locales están siendo avasallados por los que llegan y nadie dice y hace nada en forma oficial.

El tema se reduce simplemente a la falta de respeto de los que estamos, por lo que significaron de verdad esos hombres para lograr que Aysén pudiese entrar en el proceso de consolidación histórico. Esto no se reduce a una reunión costumbrista en el verano, una exposición de tranqueras en la casa de la cultura realizadas por un artista extranjero, por la publicación de un libro; es mucho más que eso, es un cambio de mentalidad de proyectarnos desde adentro hacia afuera y no como hoy que es a la inversa.

Una región que no se respeta a si misma, que no sabe interpretar su cultura, su forma de ser, que no tiene la capacidad de traspasarlo a las nuevas generaciones bajo esos principios y crear un plan de desarrollo bajo ese sustento, no puede buscar la sustentabilidad y encontrarla; posibilidad que solo se hace posible, si se logra el respeto ante si mismo, valorado ante los propios y en forma interna, entendiendo que el camino que debemos recorrer si de verdad queremos salir adelante y desarrollarnos de acuerdo con lo que somos y representamos, es ante todo entender lo que queremos y como lo queremos.

Esos hombres simples y honestos que llegaron a principios del siglo pasado, cuando no tenían nada y lo querían todo, entendieron desde los mismos comienzos, que la única manera de sobrevivir era entrar desde lo propio a lo comunitario, con solidaridad y armonía ante el medio y el prójimo. Que la palabra sustentaba el honor, que a su vez fundamentaba la decisión hacia la acción y sin esperar retribución; proceso que permitió asentar las bases de la colonización, logrando que durante décadas Aysén a pesar de todo, fuese una región sustentable y de gran proyección social y económica en su pasado reciente, desarrollando la ganadería ovina y bovina, exportando lana y ganado en pie.

Eso fue el Aysén que me deslumbro, que cambio mi vida, porque era regido por hombres de verdad, que con su ejemplo me propusieron conceptos de vida con los cuales me rijo hasta los días de hoy, mostrándome lo que representa Aysén como forma de vida, permitiendo el buen vivir y que territorialmente tengamos la posibilidad de ser reconocidos como un valor intrinsico cultural como base de sustentación social.

La historia de Aysén lamentablemente ha sido contada muchas veces a medias, muchos lo saben, pero pocos son los que conocen verdaderamente su fundamento histórico. Lo poco que se sabe ha sido impuesto la mayoría de las veces con raras y maravillosa excepciones, bajo una mirada tremendamente centralista y poco representativa, de lo que en verdad sucedió y del gran esfuerzo realizado por estos hombres para forjar nuestra cultura. Obligándonos a convivir con medias verdades, para no afectar el centralismo y ese burdo sentimiento de un falso patriotismo que nos ha opacado, produciéndonos un vacío que ha dado como resultante, que estemos llenos de in-verdades de lo que significa históricamente desarrollar Aysén y hacerlo sustentable.