13 Mayo 2019

AYSÉN Y LA PÉRDIDA SUSTENTABILIDAD

ANDRES GILLMORE
ANDRES GILLMORE

Si analizamos el estado de Aysén en la actualidad, nos daríamos cuenta fácilmente que el territorio de norte a sur, de cordillera a mar, hace rato que esta en crisis y que se han superado las capacidades de carga. Si Aysén fuese un paciente, el médico dictaminaría su traslado urgente a la UTI, dado su estado actual. El litoral esta completamente contaminado por las salmoneras por el uso indiscriminado de antibióticos. El centro, esta viviendo el infierno de tener a su capital regional Coyhaique, como una de las ciudades más contaminadas del planeta y tener una depredación sistemática de sus bosques para transformarlos en leña. El sur vive en completa zozobra siempre ante las transnacionales y sus comunidades tienen que estar en constante alerta; en el pasado se llamó HidroAysén y en la actualidad son las grandes empresas mineras, que quieren intervenir la cuenca del lago General Carrera y con ello destruir el desarrollo sustentable de las localidades.

 

Si Aysén no sufriera el constante asedio de los capitales foráneos y se concentrará en desarrollar sus formas económicas y productivas en base a sus fortalezas y no en sus debilidades, estoy segurisimo que el camino a la tan ansiada sustentabilidad seria una realidad y su denominación de origen y su sello verde, seria un patrimonio de desarrollo y de proyección de futuro. Pero por increíble que pueda parecer en una región como Aysén donde nos conocemos todos, siempre existe un grupo de inadaptados que se deben a intereses de fuera de la región, con propuestas que en vez de proponer sustentabilidad, proponen el enriquecimiento de unos pocos en detrimento de unos muchos, que nos lleva a un punto de inflexión de gran responsabilidad social, ante decisiones que solo tienen una alternativa; que no es otra que diseñar un Plan de Desarrollo que este de acuerdo con las ventajas comparativas que posee la región.

 

La intención básica de desarrollar un Plan de Desarrollo sustentable, es por sobre todas las cosas, crear un proceso que permita proyección social, productivo y económico de una manera tal, que las generaciones venideras sigan permaneciendo con los recursos naturales que poseen y garantizar sustentablemente que los ecosistemas no pierdan su función de ser y en ello fundamentar una calidad de vida adecuados a todos y no solo para algunos bajo un Plan de Desarrollo.

 

El desarrollo sustentable no deja de ser desarrollo como muchos discursan y que en muchas ocasiones hasta lo he escuchado decir académicamente. Afirmaciones que carecen de forma y fondo y son determinados por intereses egoístas, por personajes nefastos. Sustentabilidad es lo que permite permanecer y reproducirse a niveles amplios, para satisfacer las necesidades de la generación presente, sin poner en riesgo a las generaciones futuras para satisfacer las propias. En la actualidad, lo que se esta haciendo en Aysén, es poner en duda la proyección de la región como un todo y que en 20 años, tal como a ocurrido con otras regiones, Aysén no sea más lo que pudo ser y no lo que debería haber sido.

 

Estos planteamientos para aplicarlos con proyección de futuro, deben ser parte de un componente ético que lo ligue con la sociedad y el entorno, pues al pensar en las generaciones futuras y no sólo en las actuales bajo el principio de la solidaridad universal que deben tener las generaciones presentes hacia las futuras, es un principio ético y moral de ver y relacionarse con la vida, con el componente ecológico en lo relativo con la naturaleza, al entender la necesidad de mantener la capacidad de recuperación de los ecosistemas, uniéndolos a la sustentabilidad con una relación en donde todos salgan beneficiados y no solo unos pocos.

 

Para que el desarrollo se considere como sustentable, requiere por sobre todas las cosas de una política que regule la actividad productiva y se ocupe de satisfacer las necesidades de las comunidades, preservando las necesidades de las generaciones futuras, en función de los recursos disponibles, imponiendo el diseño de un modelo con orden, límites y estudios de capacidades de carga certeros, que establezcan en la organización social la proyección de sustentabilidad que requiere. Sin embargo, la sustentabilidad se ha convertido en un referente obligatorio del siglo 21, al que se han sumado la mayoría de las naciones y gobiernos como un caballito de batalla político, pues el discurso se legitimó, se oficializó y se difundió ampliamente a partir de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente del año 1983, pero en forma teórica y no practica y en la actualidad los países desarrollados para obtener sustentabilidad, hacen en los países subdesarrollados como Chile, todo lo que no pueden hacer en sus orígenes para no dañar su sustentabilidad y en esa sonamos.

 

El enfoque netamente ecologista reduce el concepto a la mera sustentabilidad ecológica, al preocuparse solamente de las condiciones necesarias para mantener la vida humana a lo largo de las generaciones futuras, desentendiéndose del aspecto distributivo y de delimitación de los límites ecológicos ante la imposibilidad de obtener un crecimiento continuo, en un planeta que sabemos es finito y que no resalta la solidaridad que debe tenerse con las generaciones futuras y no considera los aspectos distributivos de las generaciones actuales para proyectar el futuro, donde la ética y la moral son la base de sustentación para implementar la proyección social en lo cultural como parte del proceso de desarrollo sustentable.

 

La idea subyacente que se crea al proyectar sustentabilidad, necesita que la magnitud del sistema económico se mantenga dentro de los márgenes de las capacidades de carga de la naturaleza en los territorios; entendiendo que la sustentabilidad sólo puede proyectarse positivamente sin provocar aumentos cuantitativos, bajo un diseño que va más allá de una escala que exceda la capacidad de carga de los territorios. El enfoque puramente ecológico no identifica los requisitos económicos y sociales que necesita la sustentabilidad, limitándose a entrever una mirada de crecimiento poblacional y económico cero, sosteniendo que gran parte de la contaminación y del daño generado en la naturaleza es causado por tendencias de la sociedad por el incremento de la producción y el consumo a como de lugar.

 

La humanidad está obligada a cultivar y conservar la tierra como gestor ambiental. Los riesgos medioambientales de potenciar un crecimiento económico sin restricciones, no se consideran insuperables y no es difícil darse cuenta, que existe en la actualidad un desproporcionado exitismo sobre la disponibilidad futura de los recursos naturales, con la esperanza que se encontrarán soluciones tecnológicas para la mayoría de los problemas ambientales de la actualidad y eso no es así. Los cambios ecológicos y económicos deben ser graduales y que en teoría producirán los resultados necesarios y nada nos dice que aseguraría una gestión aceptable del mundo natural y su relación social con el mundo global, que constantemente esta queriendo intervenirlos.

 

La política ambiental se ve como un impulso necesario para llevar a cabo el cambio de paradigma y generar la renovación tecnológica, económica y cultural de la proyección del desarrollo sustentable y de esa forma diseñar la innovación y el mejoramiento estructural de la economía actual. La contribución de las nuevas tecnologías a la consecución de objetivos medioambientales es muy amplia; pero lamentablemente los intereses empresariales y sobre todo los foráneos en un Chile subdesarrollado como el nuestro, con formas del pasado en el mundo del futuro, se defienden enconadamente para que esas soluciones no logren sus objetivos y puedan seguir dominando como siempre.

 

La integración del medio ambiente en la economía global solo puede ser sustentable, por medio de profundas revoluciones tecnológicas y que este íntimamente ligado con la formulación, concertación y la gestión de un nuevo tipo de políticas públicas, potenciando los actores sociales colectivos, diseñando decisiones concertadas y planificadas que guíen las actuales y futuras inversiones públicas y privadas, tomando como propios criterios de balance, armonía y resguardo de la capacidad reproductiva y re-generativa del capital humano, natural, de infraestructura física, capacidad económica y financiera y bajo un marco institucional que permita su desarrollo.

 

En la actualidad las posiciones extremas oscilan entre las que creen que es posible crecer físicamente y los que consideran que el desarrollo sustentable tiene que ver más con la protección y la conservación de la naturaleza. Cada uno de ellos es una expresión cerrada e ideológica desde un punto de vista particular, donde un grupo se enfoca en “su verdad”, sin tomar en cuenta que la verdad encierra los puntos de vistas de los demás, en las diversas interpretaciones  que determinan el contexto socio-económico, político-científico e ideológico que rodea a quien expone su posición sobre la sustentabilidad. Esto nos hace concluir que se trata de un concepto de difícil delimitación, que no posee en la actualidad una definición absoluta y cuyo atractivo consiste en que lo que se pretende solucionar, causado por un crecimiento económico desenfrenado, que con el tiempo ha creado desigualdad social y una crisis ecológica bajo un paradigma erróneo y sin contemplaciones por el futuro.