28 Abril 2014

CHILE UN PROCESO POLÍTICO DE ALTO IMPACTO Y DE GRAN EXPECTACIÓN SOCIAL

Andres close up
ANDRÉS GILLMORE
Director de la Corporación Costa Carrera

No hay duda que Chile es un país expectante en todo sentido, producto de esa expectación se encuentra dividido ideológicamente, con la quietud que llega antes de la tormenta. Los entrantes encuentran que nada se ha hecho bien, los salientes consideran que lo hicieron muy bien y la expectación por lo que el proceso promete tiene esperanzados a muchos que esta ves si todo será realidad, la expectativa nos tiene concentrados y enfocados, pero como nunca han resurgido ideologías que considerábamos en el pasado y que hasta hace tan poco nos dividieron tanto.

Los entrantes consideran que si es posible divisar la luz al final del túnel y que basta con hacer los ajustes necesarios. Para los salientes nos hay dos verdades, la luz nos encandilara y no nos permitirá ver el abismo y las penas del infierno que están al final del precipicio. Otros más expectantes y con intereses creados a dos bandas, juegan sus últimas cartas para ver como le pueden sacar partido a la situación. En fin, estamos viviendo uno de los procesos históricos más importantes y trascendentales de la historia de Chile de eso no hay dudas y serán estudiados en décadas posteriores por innumerables estudiantes de Historia y otros países nos usaran como tesis de lo que se debe o no hacer al cambiar los fundamentos de desarrollo de una nación. Se podría decir que esta es la verdadera transición política y social que pensamos haber vivido en el gobierno de Aylwin en donde de una manera u otra se posicionan los cimientos del Chile del mañana.

La gran pregunta que cae de cajón, es si en verdad el proceso es un inicio o simplemente significa volver al pasado y que solo posibilito rescatar ideologías que creíamos superadas, o lo podemos transformar en la posibilidad cierta de crear un nuevo concepto de desarrollo, que vaya más allá de la simplicidad ideológica de los polos opuestos y que este de acuerdo con lo que somos y con nuestras características propias de país emergente, por no decir subdesarrollado.

Los políticos de todas las posturas y ninguno se escapa de ello (tal ves unos pocos), de una u otra manera se les ha complicado el escenario, al tener que de una u otra forma adecuarse a esta nueva realidad y han tenido que hacer de las tripas corazón y enfrentarse a la ciudadanía posicionándose ante estructuras que antes consideraban antagónicas y contrario a lo que siempre defendieron. La comodidad de los años pasados, en que eran considerados moneda de oro ya no existen, las reivindicaciones ciudadanas de los últimos años, les han quitado el velo de lo que en verdad son y representan y son un claro desafío para todos ellos; algunos hábiles y facticos sorprenden con la habilidad para reinventarse, que cuando los creíamos muertos y sin proyección, renacen y se reacomodan inmersos en un borrón y cuenta nueva único y muy chileno; creando nuevas alianzas y transitando hábilmente por la cornisa en busca del nuevo fundamento y prometiendo muchas veces lo que no se puede. Los menos, los jubilados de la política activa, porque nada pueden hacer en el nuevo formato, usan las relaciones de poder aceptando representaciones internacionales, volviendo a la esencia de lo que son, lobistas de las transformaciones políticas que reclama la ciudadanía. Algunos menos éticos profundizando sus relaciones con las transnacionales y usufructuando de ellas.

En el escenario político actual, nos ha quedado claro que no existe diferencia alguna entre un político y un lobista; intercambian roles todo el tiempo. Cuando los políticos dejan de serlo automáticamente se transforman en lobistas y no hay duda que la máxima aspiración de un lobista es ser un día ser un político. Estamos queramos o no, en el medio de un choque de fuerzas contenidas de gran potencia unos “revolucionarios” y  otros “conservadores”, con marcadas ideologías que van en total contra sentido las unas de las otras, poniendo a prueba nuestra débil y joven democracia.

Un grupo no menor de políticos transmutantes ejerciendo su poder en total libertad, en el que nadie sabe a ciencia cierta para quienes trabajan, amenazando que al más mínimo contra punto harán estallar el proceso y producir alteraciones difíciles de contrarrestar en la diversa pero tan igual y desigual fauna política actual de siempre.

Cada grupo actúa de acuerdo con sus propios intereses, poco y nada les importa el país o su futuro desarrollo como suelen decir; sustentándose con una altanería fuera de todo propósito, que si es bueno para mi gente es bueno para el país y que bajo esa teoría descabellada pueden destruir en términos sociales y políticos las reivindicaciones de una ciudadanía cansada, que un grupo minoritario las manipule, usando la política partidista y sus alianzas irregulares, para hacerse parte del 7 por ciento de Chile y ejercer el poder de decisión y de voto otorgado por la ciudadanía por el “voto popular”, apelando a lo que suelen decir los políticos cuando el sentido común no les resulta el más adecuado “actuando en conciencia”; grupos que perfectamente al no sentirse representados y presionados por sus “representaciones” se transforman en un determinante explosivo de alto riesgo y podemos pasar de una democracia participativa al descalabro total.

El choque de fuerzas actual no es menor bajo ningún aspecto, las descalificaciones y la falta de prolijidad en todo sentido es todo un tema en el debate nacional, ante una ciudadanía que quiere soluciones, sobre todo si entendemos que lo que esta sucediendo puede en verdad no ser solo una simple ilusión política como muchos nos quieren hacer creer y en verdad puede significar el inicio del proceso ante una realidad efectiva y verdadera, que puede concretar un Chile mejor para todos y no solo para algunos, como ha venido ocurriendo en las últimas décadas. Por eso mismo todas las partes deben actuar con recaudos y en conciencia, no evaluar a la ligera y con objetivos cortoplacistas. Analizar en profundidad lo que se dice, se hace y se decide finalmente; de fracasar retrocederíamos y entraríamos definitivamente en el mundo de las tinieblas tenebrosas de la involución, inflación, de la des credibilidad y de la descalificación ideológica permanente y gratuita que no nos lleva a nada y que solo nos destruiría irremediablemente y transformándose en potentes adversarios naturales de toda supuesta democracia.

La expectación es grande por parte de una ciudadanía que más que estar empoderada y envalentonada por salir a las calles, se siente entregada, expectante y esperanzada en el proceso, que si esta vez podrá ver la luz al final del túnel y que aquellos que dicen ser sus representantes, actuaran con prestancia y consideración con los valores sociales y culturales que dicen representar. Que de la teoría pasaremos a la practica real del oficio democrático político de trabajar por el bien y el sentido común de la ciudadanía como un todo, con la capacidad de ver el bien general por encima del personal, encauzando el proceso político con humanidad y discreción, base natural del sustento social para proyectar y desarrollar procesos políticos de alto impacto y de gran expectación como el actual.