20 Junio 2019

CUANDO LA TEORÍA DE CHORREO, SE TRANSFORMA EN UN DESCOMUNAL “CHOREO”

ANDRES GILLMORE
ANDRES GILLMORE

Uno de los problemas más grandes que tenemos en Chile en la actualidad y muy grave por cierto; es que las Transnacionales que trabajan en el país y asociadas con grupos económicos chilenos, que preferentemente trabajan en desarrollos mineros, energéticos, salmoneros y forestales, realizan actividades en el territorio nacional sin ninguna conciencia ambiental y social. Todas estas transnacionales tienen un denominador en común, desrespetan la proyección de futuro de las comunidades y del territorio, operando sin sustentabilidad ambiental alguna y lo que es peor, a vista y paciencia de todos los gobiernos desde 1989; porque la fiscalización que se supone debe hacer el Estado y sus diferentes reparticiones públicas, no es realizada como corresponde y estan manipulados de acuerdo con los intereses de cada gobierno y eso nos ha transformado en un país terriblemente contaminado y con crisis ambientales en la mayoría de las regiones; por no decir todas.

 

Esta destructiva realidad en la proyección de futuro, ha sido aceptada por nuestra sociedad bajo el engañoso parámetro,“que mientras estos desarrollos ofrezcan trabajo, los impactos negativos son poca cosa” que ha llevado a que una gran cantidad de comunidades regionales, están sufriendo en la actualidad lo indecible ante la intervención despiadada de las transnacionales y eso en si mismo es de una brutalidad tremenda y sobre todo bajo el contexto actual ante el cambio climático y el calentamiento global, que demuestra una vez más los subdesarrollados que han sido nuestros gobernantes a la hora de implementar estrategias de desarrollo. No se puede seguir permitiendo que empresas Canadienses, Australianas, Suizas, Españolas, Noruegas, etc, hagan en Chile todo lo que no pueden hacer en sus países de origen.

 

Basta con recorrer el país para darnos cuenta que en el norte, centro sur y en las regiones australes, las mineras, la industria forestal y los emprendimientos salmoneros tienen a las comunidades sentenciadas a un futuro terrible, al contaminar y destruir todo lo que tocan. En el norte la minería ha destruido todo lo que toca. En el centro sur, las forestales tienen dictaminado que muchas comunidades esten de por vida con la dependencia de camiones aljibes para surtirse de agua, porque las empresas forestales intervienen las napas acuíferas subterráneas para el uso de sus monocultivos. En las regiones australes las han obligado a tener que aceptar que emprendimientos mineros y salmoneros contaminen ríos, lagunas, fiordos por los malos manejos ambientales, a vista y paciencia de todos y como la lógica manda, ha venido a destruir la proyección de futuro de Chile, predeterminando que nos mantengamos hasta la actualidad en el más desdichado de los subdesarrollos.

Desde los gobiernos de  Eduardo Frei Ruiz-Tagle hasta el actual de Sebastián Piñera, nos han estado repitiendo insistentemente el discurso, que si las empresas crecen y les va bien, en consecuencia nos iría bien a todos, con la famosa teoría del “chorreo” que a esta altura se ha transformado en un “choreo” total de las riquezas del país y destruido la vida de muchas comunidades a lo largo y ancho de Chile. Para que el crecimiento se transforme en desarrollo, deben mejorarse los sueldos, las condiciones de trabajo y obligar el respeto por el medio ambiente y su sustentabilidad, entendiendo que a fin de cuentas Chile es la casa de todos y no solo de unos pocos. Nadie permite que un invitado haga sus necesidades en el living cierto. En este caso; Chile lo ha estado permitiendo para que unos pocos se enriquezcan y un gran resto se empobrezca.

 

Esta manera de ver la operativa del mundo de las Transnacionales por parte de los ideólogos económicos chilenos, que por lo que se ve poco y nada les interesa la proyección de futuro del país, con el tiempo ha ido posibilitando desarrollos extremadamente destructivos y que en la actualidad sean inaceptables en una sociedad que dice respetarse a si misma y que dícese luchar incesantemente por la sustentabilidad social y ambiental de todos y no solo por la de unos pocos. En la actualidad, es un deber nacional cambiar estos paradigmas mentirosos que nos han sustentado tanto tiempo; entendiéndose que si no se fiscaliza con mano de hierro el actuar de las transnacionales en su relación social y ambiental en los territorios regionales, estas finalmente terminan destruyendo el país y cualquier proyección de futuro y la culpa sera nuestra y no de ellos.

 

La esencia del mundo de las transnacionales que operan en Chile, se mueve por los distintos formatos de la codicia, como parte fundamental del ADN corporativo con la que llegan a Chile; tal como la esencia de un Estado responsable y serio, que es por sobre todas las cosas fiscalizar con mano de hierro a estas corporaciones extranjeras y no permitir sus malos manejos. Si se pierde este balance natural entre los intereses de unos y de otros, nos introducimos en un atolladero demencial y en la anarquía empresarial que vivimos en la actualidad, que a fin de cuentas son modelos que nunca estarán satisfechos, que siempre van a querer más y que con el pasar de las décadas se han transformado en reminiscencias de un pasado que lamentablemente nos condena al subdesarrollo.

 

Es muy fácil crecer al 7% anual, permitiendo que empresas extranjeras extraigan nuestros recursos naturales y utilicen nuestras aguas para enriquecerse; destruyendo y contaminando todo lo que tocan, como ha venido ocurriendo desde 1989 a la fecha. El desafío del siglo 21 es ser sustentables en lo referente a producción y servicios y esa mirada en la actualidad no existe en nuestros gobernantes, que no han entendido que entramos al siglo 21 hace 19 años y que mientras no entendamos el cambio de paradigma, estaremos más que complicados.