9 Mayo 2017

EL AMOR MATERNAL SE LLEVA GRABADO EN EL CORAZÓN

HUGO
HUGO PÉREZ WHITE
Profesor

El amor maternal es un sentimiento único e indescriptible que llevamos grabado en nuestros corazones a sangre y fuego y nos insta a reflexionar sobre el tema a pesar de ser una enorme carga emocional que cada ser humano lleva consigo como consecuencia de la impetuosidad del mundo actual, que no nos deja un momento para amar y menos aún para recordar con cariño a los seres queridos que se han ido de nuestro lado resultando complejo darle un espacio al amor maternal.

No conocí a mi madre y no recuerdo haber sentido los latidos de su corazón en mi cuerpo cuando me acurrucaba entre sus brazos.

Mi madre falleció en Puerto Natales, alejada ciudad patagónica donde llegó ilusionada a trabajar y reunir el dinero suficiente que le permitiese sufragar los gastos que un niño requería.

Qué doloroso tuvo que haber sido para una joven, alejarse de su hijo recién nacido y emprender rumbo a una ciudad tan lejana y de difícil acceso.-
Su viaje fue sin retorno y la muerte la sorprendió súbitamente no pudiendo satisfacer su alegría de madre de volver a tener a su hijo en sus brazos como seguramente eran sus deseos y de toda madre por lo demás.

Así pasaron los años y crecí añorando el cariño maternal siempre guardando en mi memoria su vago recuerdo, con una esperanza que algún día nos íbamos a encontrar en alguna parte, porque, necesitaba saber de ella, oler en el aire su perfume de mujer adolescente que vio truncada su vida tan prematuramente.

Suponía que en algún rincón del cementerio de Puerto Natales podían estar sus restos mortales y un día cualquiera emprendí rumbo al extremo sur a buscarla con la triste misión de encontrarme con mi madre y con su espíritu, aunque fuese un breve instante y orar por su alma, para fundir ambos deseos en un solo sentimiento de recogimiento y acercamiento espiritual y con resignación mística recorrí cada metro del camposanto sin resultados positivos.

El tiempo había hecho su trabajo y a pesar de ello volvió la tranquilidad a mi espíritu al acompañarla en el silencio lúgubre de un camposanto tétrico en su estructura, pero, luminoso en lo anímico.

Me alejé lentamente del cementerio y dirigí mis pasos a la costanera del puerto para escuchar el ruido de las olas y en un instante de silencio acompañé a las gaviotas que libremente volaban junto al mar mientras sus frágiles figuras me ayudaron a volver a la realidad.

En ese puerto lejano arrinconado allá en la Patagonia austral están los restos de mi madre y ése fue el motivo para cumplir el deseo de saludarla junto a su tumba en un acto de reflexión espiritual y enviarle una oración con la esperanza de encontrarnos en algún lugar de este maravilloso e inmenso universo y esa promesa se va a cumplir porque ésa es la premisa de la vida y será el reencuentro final.