3 Septiembre 2014

EXTRACTIVISMO Y SU RELACIÓN CON HIDROAYSÉN Y LA CENTRAL RÍO CUERVO

Andres
Andrés Gillmore

Por Andrés Gillmore

Cuando uno escribe con un enfoque ciudadano, dejando de lado cualquier ideología u pensamiento inducido por intereses personales, políticos o institucionales, por lógica uno queda en tierra de nadie, en una postura que se reconoce como políticamente incorrecta, pero haciendo raya para la suma, lo que uno busca simplemente es poder mostrar una realidad, que no siempre se reconoce y que muchas veces podrían explicar lo que parece inexplicable.

Desde que el Consejo de Ministros desestimo HidroAysén, el discurso que de acuerdo con la decisión la intención era parte del pasado a decir verdad no quedo muy clara. Las señales entregadas por el Ministro de Energía Máximo Pacheco han sido ambiguas por decir a lo menos. Todo cambio sustancialmente cuando el Ministro de energía decidió un día antes de la decisión del Consejo, enviar un mensaje a las transnacionales, aceptando la llegada a su ministerio en calidad de asesor a Pablo Longueira, ex Ministro de Economía, padre de la nueva Ley de Pesca, que entre otras cosas destruyo a los pescadores artesanales de todo Chile y posiciono a los industriales pesqueros, permitiéndoles usufructuar del mar a voluntad. Además el señor Longueira es ampliamente reconocido como un representante de las transnacionales y muy a fin con la idea de represar Aysén. Con ese antecedente que me parece relevante, desde ese día todo ha sido ambiguo por decir a lo menos dejando muchas dudas de la intención final.

Lo que en verdad leo de acuerdo con el discurso del gobierno, es que a pesar de todo y de todos, la intención de represar los ríos de Aysén esta vigente, solo que esta vez se esta socializando la idea, escudándose en palabras de mucho peso en la actualidad como, participativo, democrático, dialogo, consulta, para conseguir el objetivo final, que al parecer no es otro que intervenir los ríos de Aysén. Entendiéndose que represar con muros de contención y embalses, destruye los ríos inexorablemente por la extrema sedimentación que producen al intervenir sus cauces. Es importante no confundirnos con el discurso del gobierno a la hora de evaluar matriz energética interna de Aysén, con matriz energética nacional, son planteamientos paralelos y diferentes que no debemos mezclar a la hora de evaluar y decidir.

La gran pregunta que uno no puede dejar de hacerse, “que es lo que permite que a pesar de todas las irregularidades demostradas y las contradicciones demostradas por HidroAysén y Central Río Cuervo con Estudios de Impactos Ambientales (EIA) tan deficientes y que ambas intenciones representen tecnologías del pasado en el mundo del futuro, aun estén tan vigentes. La respuesta no es tan simple como se cree, cuesta dilucidarla, ante una realidad que solo ahora estamos empezando a comprender y tomar conciencia, que explican el porque HidroAysén y la Central Río Cuervo están aun con vida y con grandes chances de que se concreten.

Desde 1989 Chile ha utilizado como modelo de desarrollo el EXTRACTIVISMO, que necesita a como de lugar la energía que generarían los ríos de Aysén y sustentar así la gran minería del cobre. Recurso explotado por las transnacionales, que tienen en su poder dos tercios del total del Cobre que esta a disposición en Chile. ¡Pero que es el extractivismo!, ¡como funciona!, ¡porque es considerado un modelo tan rudimentario de desarrollo, que permite la desigualdad social, destruye los territorios y la proyección de los países que lo adoptan!

“El extractivismo es una forma de organizar la economía, basándose solamente en la extracción intensiva de grandes volúmenes de recursos naturales, sin darle procesamiento alguno o valor agregado, destinado únicamente para la venta en el exterior (Cobre, Forestal)”.

En términos generales existen dos formas del modelo extractivista, por la extracción de los recursos no renovables como hidrocarburos y minerales y otra en la extracción de los recursos considerados “renovables”, agrícolas, forestales agua, etc. El extractivismo es un patrón de desarrollo primario originado desde el colonialismo histórico.

Durante el Siglo XX y el actual Siglo XXI, el extractivismo se readecuo a los nuevos tiempos, través de la división del trabajo aceptado internacionalmente, marcando la diferencia entre países “ricos” y “pobres”. Los países ricos (desarrollados) demandan materias primas para su industrialización y los países pobres (subdesarrollados) fornecen las materias primas para el desarrollo de los ricos, destruyendo en el proceso los territorios y las comunidades. Esta división ha permitido la extensión de la brecha entre países pobres y ricos, haciéndola más diferenciada y estratificada, degradando a los países pobres a límites insospechados.

La estrategia utilizada por los países ricos para someter a los países pobres, se efectúa por medio de las transnacionales que intervienen los países pobres, utilizando grupos internos de poder que actúan como agentes con los gobiernos de turno, apoderándose de los recursos naturales para usufructuar de ellos. (Matte, Luksic, Delano, Lavín).

El extractivismo tiene serias implicancias al generar una alta dependencia económica de los países pobres ante los países ricos (Chile con China), creándose una desigualdad en el intercambio comercial difícil de superar, obligando a los países pobres a vender barato y comprar caro los diferentes productos que llegan manufacturados (un ejemplo en Chile, las tuberías de cobre) desde los países ricos, produciendo un desbalance que termina perpetuando el subdesarrollo y la inequidad social en los países pobres.
El extractivismo interfiere de tal manera los países, que permiten que las transnacionales sobre exploten los recursos naturales (Barrik Gold, HidroAysén, Xstrata, etc) des respetando los derechos humanos de las comunidades intervenidas, destruyen el medio ambiente y se entrometen en asuntos internos para lograr los objetivos. Con el tiempo las transnacionales se transforman en verdaderos Estados con injerencia interna en los territorios (HidroAysén), desincentivando actividades económicas que son de la misma importancia que las extractivas.

La minería del cobre y la industria forestal en Chile, han fundamentado las bases de nuestro desarrollo, produciendo un extractivismo exacerbado que han concentrado las inversiones y la mano de obra con procesos sin ningún valor agregado, en desmedro de los territorios extractivista, produciendo graves delitos ambientales que destruyen especialmente las comunidades indígenas y creando profundas distorsiones que generan inequidad social, intolerancia y perpetúan el subdesarrollo de los países. (Ley de Pesca y Fomento Forestal)

El “modelo extractivista” tiene como denominador común la apropiación ilegal del agua entre otras cosas, sin reconocer los derechos ancestrales de las comunidades, desplazándolas cuando no son de interés como mano de obra barata para sustentar la intención, explicándonos el porque en Chile se privatizaron los derechos de agua (único país en el planeta que acepta tal condición) y fueron entregados sin ningún costo a las grandes transnacionales extranjeras para sustentar el modelo extractivista que se planifico para Chile.

En la actualidad dependemos totalmente del extractivismo para sustentar las políticas sociales, con la cual han venido administrado nuestros recursos naturales los diferentes gobiernos, creando una dependencia tal, que por mucho que nos esforcemos en cambiar el modelo económico-social-ambiental-energético, con leyes adecuadas y luchemos por una nueva constitución, todo resulta ineficaz y sin sentido, si no entendemos que lo fundamental es cambiar el modelo extractivista, que necesariamente produce el estancamiento social y la centralización de la toma de decisiones para subsistir y no permite la regionalización que tanto necesitamos.

El extractivismo solo se mantiene vigente a través de la inserción subordinada de la globalización comercial y financiera, fragmentando los territorios para el uso indiscriminado, transformándolos en áreas relegadas y dirigidas únicamente a los mercados globales, objetivando la competitividad, maximizando la renta, externalizando los impactos ambientales y sociales. Se caracteriza este modelo, en que desarrolla para compensar un “Estado Compensador” que se retroalimenta a si mismo por medio de las compensaciones sociales, originadas desde la ilegitimidad del modelo extractivista (bonos), escondiendo la destrucción de los recursos naturales, de los territorios y las comunidades.