25 Febrero 2017

LA IMPORTANCIA DE LA TERCERA CAUSAL

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LAURA LÓPEZ
VOCERA RICARDO LAGOS

Es un hecho histórico para Chile, al fin se ha aprobado en general, la idea de legislar sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Es un nombre largo quizás, pero ningún otro nombre podría representar de manera más apropiada el espíritu del proyecto y lo que busca conseguir.

Cada 33 minutos se produce un abuso sexual en Chile y en el 70% de los casos de violaciones, las víctimas son niñas menores de 16 años. Obligar a mujeres y niñas a dar a luz el fruto de una violación, en donde muchas veces el violador es un miembro del entorno más cercano – una figura masculina que debió entregar apoyo y cuidado – es volver a victimizarlas, es no sentir la mínima empatía por el sufrimiento vivido. El amor entre la madre y el hijo debe ser un sentimiento puro y natural, nunca forzado. La maternidad obligatoria es forzar el amor.

El aborto terapéutico en Chile estuvo considerado en el Código Sanitario hasta que la dictadura lo eliminó abruptamente. En el imaginario de la dictadura, donde las mujeres eran unos incómodos sujetos de derecho, la posibilidad de que pudieran rechazar el rol de madres no debía existir. Por eso se penalizó cualquier tipo de interrupción del embarazo, dejando la legislación chilena dentro de las más conservadoras del mundo.

El 31 de enero de 2015, luego del más frondoso año legislativo de vuelta a la democracia, la presidenta Michelle Bachelet firma el proyecto que busca traer de vuelta el derecho por tantos años negado a las mujeres y restituir la interrupción voluntaria del embarazo, esta vez además, incluyendo a las mujeres víctimas de violación, sumando así tres causales de indiscutible legitimidad: riesgo de vida de la madre, feto incompatible con la vida fuera del útero y violación.

Las tres causales por las que se despenaliza la interrupción del embarazo son en sí mismas, muy dolorosas para las mujeres; son impedimento por distintos factores, de poder vivir y disfrutar la maternidad.

Si bien ha habido resistencia por partes de los grupos conservadores a las tres causales, la que más los ha exasperado es la de violación, llevando hasta la caricatura, la realidad de cientos de niñas que son abusadas sexualmente año a año.

Esta discusión es valórica y como tal, las objeciones religiosas y de conciencia deben quedar fuera del debate legislativo, como corresponde a un Estado laico. Las mujeres son capaces de tomar sus propias decisiones, que sean ellas quienes elijan sus destinos en paz con su propia conciencia.