28 Febrero 2019

MANFRED EL AMIGO DE MI ABUELO (A QUIEN NUNCA CONOCIÓ) PILOTO DE UN ZEPPELIN DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

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Francisco Devia

Jorge Aldunate Byers mi abuelo nació el año 1900, en los Estados Unidos de Norteamérica y en alguna fecha, que todavía no logro determino, viajó con su familia a radicarse a Londres.

Claro que los Aldunate Byers no podían sospechar que en 1914 comenzaría la Primera Guerra Mundial y que en 1915  la  fuerza aérea alemana, la Deutsche Luftstreitkräfte, bombardearía  Londres, primero usando los Zeppelin o dirigibles y luego con aviones.

Esta impensada realidad, que solo fue avizorada en 1908 por el escritor inglés de ciencia ficción, HG Wells, en su novela “Guerra en el Aire”, hizo que la madre, de fuerte carácter, ordenara el traslado de toda su familia a las afueras de Londres.
Pese a sus esfuerzos, un Zeppelin o ¿quizá fue un avión? cayó una noche cerca de su nueva casa. Mi abuelo escuchó el estruendo y se dirigió raudo al lugar, protagonizando un hecho que marcaría su vida.

Un piloto alemán yacía entre los restos del  Zeppelin. No tengo certeza si estaba agonizando cuando mi abuelo llegó,  o si ya había fallecido, pero el joven George tomó la placa de identificación del piloto y la ocultó en su ropa. Para los efectos de esta crónica llamaremos al piloto Manfred, en recuerdo del célebre Barón Rojo, Manfred von Richthofen.

El joven George regresó sigilosamente a su casa, pero su “fechoría” fue advertida por sus hermanos quienes, cuando se enojaban con él, lo amenazaban con contar lo ocurrido a sus padres y a las autoridades inglesas, lo que lo transformaría “en un colaboracionista”.

Conviene advertir que según fuentes oficiales, el número de víctimas civiles británicas por los raids aéreos alemanes fue relativamente pequeño: 1.413 muertos. Pese a esta estadística, mi bisabuela decidió separar a sus hijos. A su juicio, no podían estar todos en un mismo colegio. Mi abuelo terminó siendo internado en Dublín, en el Rockwell College y su hermano menor, en otro colegio de Irlanda.

Habiendo regresado a Chile después de una serie de vicisitudes y tras haberse casado con mi abuela Gabriela, mi abuelo tenía la costumbre de -además de pedirle ayuda a Dios- hacerlo a su amigo el piloto, en lo que hoy llamaríamos una “amistad virtual”.
El joven George murió de cáncer en 1966 en Villa Alemana. La noche anterior le dijo a su mujer e hijos, que no se preocuparan más por él, que había soñado con algunos familiares ya fallecidos y con su amigo Manfred y lo vendrían a buscar al día siguiente. Estaba muy ilusionado, por fin Manfred y él se darían la mano.