13 Marzo 2018

POR UNA ECONOMÍA BAJA EN EMISIONES DE CARBONO

ANDRES GILLMORE
Andres Gillmore

Cualquier cambio de gobierno trae consigo la posibilidad de mejorar las realidades, independiente del color político y de la ideología que se pregone; no en vano dicen por ahí, que debemos ver el vaso medio lleno, que de por si es esperanza y reconciliación por lo menos en los primeros 100 días de cualquier gobierno.

 

En los inicios de un nuevo gobierno que dice querer un futuro mejor para todos y que esta vez los chilenos debemos confiar que los elegidos tendrán la capacidad de hacer las cosas bien, pensando en el bien del país y no solo en el de sus huestes o de sus intereses creados, no deja de ser esperanzador en muchos sentidos y fuera de toda ideología, si nos basamos en el discurso de apertura del Pdte Sebastián Piñera del domingo 11 de marzo en la Moneda cuando dijo, “que había entendido que el crecimiento no sirve si no se transforma en desarrollo y que para serlo debe proyectar ese crecimiento, en la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía” quiere decir entonces que algo entendió desde el término de su primer gobierno y no deja de ser esperanzador.

 

El cambio climático no es un tema menor bajo ningún punto de vista y en Chile nos ha tocado de una manera brutal en muchos sentidos y muchas catástrofes naturales sucedidas en los últimos años y que tristemente han quitado la vida a muchos conciudadanos ha sido por esa causa. Muchas veces aunque se reconocen los problemas, entendemos sus ramificaciones negativas y las alteraciones que producen en el entorno social, ambiental, productivo y cultural, no son enfrentados como corresponde y el inmediatismo que caracteriza el modelo, que necesita soluciones integrales, tiende a dejar de lado los problemas de largo alcance y los de índole estructural, cuando los gobiernos saben que no lograran los créditos de las soluciones que deben implementar y los dejan de lado con la esperanza que el próximo gobierno los solucione y problemas con soluciones al alcance de la mano terminan transformándose con el paso del tiempo en insolucionables.

 

En la actualidad el tema del cambio climático se ha transformado en un doble desafío: el de la mitigación y la generación de políticas tecnológicas, con medidas de relevancia que limiten y reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero y por otro lado mejorar los sumideros para aumentar la capacidad de absorción de los gases de efecto invernadero y bajo esa tendencia adaptarse a los nuevos requerimientos ambientales, previniendo los efectos adversos del cambio climático y la única manera es tomando medidas oportunas para minimizar los daños que puedan causar, adaptando la forma y el fondo a las consecuencias que traen a la economía y a la vida de las comunidades.

 

Superar el reto no es tarea fácil y requiere por sobre todas las cosas una alta dosis de patriotismo y cambiar el planteamiento de los métodos productivos que hasta ahora han manejado la economía y que según el modelo actual, nos hace ver como un sistema frágil, con un impacto climático y ambiental negativo para proyectar el desarrollo sustentable que todos queremos. Los gobiernos deben entender la trascendencia del problema y hacer el esfuerzo para implementar las coordenadas para implementar un nuevo modelo productivo y económico, que fortalezca del modelo, bajando los costos por medio de de energías renovables, replanteando el modelo y de ese modo bajar las grandes cantidades de carbono que tiramos a la atmósfera en la actualidad por medio de la matriz energética.

 

La Comisión Europea ha previsto que se crearan nuevos empleos en las economías que replanteen su modelo y tengan la capacidad de bajar las emisiones de carbono, con proyectos integrales y con políticas que tengan un solo objetivo final, conseguir una reducción de emisiones entre el 85% y el 90% proyectado al 2050, por medio de estrategias de adaptación al cambio climático. Con el pasar de los años las economías que tengan la capacidad de enfrentar el cambio climático desde este momento, tendrán una mayor relevancia en el impacto positivo en las diferentes actividades empresariales, entendiendo que los productos de estas economías serán altamente valorados por los mercados mundiales y se transformaran en un sello de alta certificación, que será muy codiciado por los diferentes mercados y sobre todo por los desarrollados.

 

Esto para un país como Chile sin problemas tan serios que solucionar, con un territorio medio y una población baja comparativamente, es la posibilidad cierta de marcar una diferencia positiva y muy importante, que podría ser el incentivo necesario para transformarse en un plus productivo y una denominación de origen, que puede catapultar nuestros productos y servicios de una manera solvente y con la proyección de un futuro sustentable para todos.

 

Según Naciones Unidas “la adaptación al cambio climático es un proceso mediante el cual las sociedades crean mejores condiciones para hacer frente a un futuro incierto y desarrollar  la capacidad de adaptarse al cambio climático es por sobre todas las cosas, entender que tomar las medidas adecuadas para reducir sus efectos negativos más que una opción, es una necesidad de sobrevivencia, que permite la anticipación eficaz a las consecuencias del cambio climático, que termina minimizando considerablemente las amenazas a los ecosistemas, la salud humana, los activos empresariales y la preservación del resto de la infraestructura industrial, evitando que la crisis alcance una magnitud desmesurada y con el tiempo se transforme en inmanejable.

 

Los países que tengan la capacidad de entender los riesgos a los que se enfrentan, podrán implantar las medidas necesarias para mitigar los efectos del cambio climático, adquiriendo una ventaja competitiva en un escenario complicado para el planeta como un todo. Una actuación coordinada entre adaptación y mitigación producirá una importante reducción de los costos ante la crisis, en un escenario que cada día se hace más complicado, donde las medidas de adaptación temprana al cambio climático y objetivizar los esfuerzos para reducir al máximo las emisiones que lo causan, es una operación lógica cuando tenemos la capacidad de entender el futuro. Desarrollar una planificación estratégica es altamente necesario para enfrentar el tema y extender los esfuerzos para reducir las emisiones y de esa manera evitar que en un futuro no tan lejano como se piensa, tengan que tomarse medidas de adaptación mucho más costosas y complicadas.