1 Julio 2019

REGIONALIZACIÓN, UN PREDETERMINADO QUE NECESITA FORTALECERSE

ANDRES GILLMORE
ANDRÉS GILLMORE

La realidad que vive Aysén ante la intención del gobierno de intervenir la Cuenca del lago General Carrera con desarrollos mineros y en especial el proyecto Minero Los Domos, ubicado en la Reserva Nacional Jeinimeni, nos ha llevado a reconocer en esta intención una profunda falla en el modelo actual de administración de las regiones, por un gobierno que es capaz de justificar cualquier cosa con el discurso trasnochado, que lo que se necesita es trabajo y si contamina y destruye da lo mismo. Con esta realidad impuesta, es imposible pretender que una región de las características de Aysén, pueda proyectarse de manera adecuada y como corresponde y sobre todo, si los que viven en la región son usurpados del derecho elemental de vivir en un ambiente sano y limpio y con proyección de futuro.

La regionalización y la elección democrática de los Gobernadores, es por sobre todas las cosas una herramienta eficaz, que permite crear una realidad social con carácter local, a favor de la sustentabilidad del país con base en las regiones. Ello permitiría que el modelo como un todo sea más eficiente y uniforme, con el objetivo de obtener más participación, autonomía y desarrollo para todos y no solo para algunos, como ha venido sucediendo en los últimos 30 años.

La regionalización es un engranaje funcional, que permite un desarrollo equilibrado fundamentado en la equidad de la toma de decisiones. Esta visión teórica de lo que se supone es una regionalización adecuada, ha sido olvidada en forma eficiente, encontrándonos al día de hoy con un modelo administrativo centralista, que usa a las regiones y las usurpa de su individualidad para mantenerse.

La regionalización es ante todo la búsqueda del desarrollo con consecuencia, desde un punto de vista que va mucho más allá de los propios vínculos administrativos y que tienen como objetivo principal la descentralización de los órganos administrativos, por medio de un modelo de desarrollo que este de acuerdo con la idiosincrasia de cada región, con respeto y unión cultural. La realidad de hoy es totalmente contraria al objetivo de lo que se persiguió al momento de instaurar el sistema de regiones en el país; que no fue otra que la búsqueda de un mayor dinamismo y un desarrollo micro-económico que fuera sustentable en el tiempo.

La constitución del 80 intento de mala manera rectificar esa falencia con algunas consideraciones, pero lamentablemente la visión del “Estado unitario” ha sido una lacra que los políticos en democracia no han tenido la audacia de cambiar, principalmente por intereses centralistas que no representan el bien general y sí el particular, de ideales que están ajenos al bien social de los mismos partidos políticos y de los que los dirigen.Las regiones no tienen personalidad jurídica y no cuentan con un patrimonio propio, lo que las hace extremadamente dependientes. Y son las que precisamente tienen la riqueza.

La base de un desarrollo moderno y eficaz es por sobre todas las cosas, respetar la diversidad de los territorios regionales, tomando en cuenta sus diferenciaciones geográficas,climáticas, productivas y culturales. Al desecharlas, se  produce un desbalance y un círculo vicioso negativo que generan disconformidad ciudadana y un retroceso elemental. El modelo actual ha dejado de lado el concepto de los gobiernos locales, objetivo primordial de la regionalización. Ellos permitirían modernizar y flexibilizar las competencias con una ejecución certera, asignando recursos proporcionales de manera justa, incrementando los porcentajes en la participación del gasto público, descentralizando y flexibilizado la toma de decisiones con una visión propia y con congresistas no tan preocupados de los partidos políticos y si del país a nivel regional.

Hoy más que nunca necesitamos potencializar las regiones y darles la independencia que se merecen, para hacer que la diversidad de los elementos culturales, sociales y económicos que representan las regiones, sustenten el fundamento que se necesita para producir los cambios y catapultarse hacia los desafíos que nos esperan en este siglo 21.