7 Agosto 2018

SUSTENTABILIDAD Y LA CONSULTA POR EL PARQUE PATAGONIA

ANDRES GILLMORE
ANDRÉS GILLMORE

Nunca he sido amigo de las consultas ciudadanas en ninguna circunstancia, porque generalmente no muestran la realidad tal como es y todos sabemos que pueden ser manipuladas en la forma y en el fondo, tal como ocurre con las elecciones, donde normalmente no ganan las buenas ideas y si las buenas campañas, que es algo muy diferente. Muchas veces el amedrentamiento por el miedo con que se sustentan muchas causas y por diferentes motivos hacen que la temática en un consulta pierda su sustento real y terminan justificando arbitrariedades. La primera vez que voté fue en 1980 y fue precisamente en una consulta ciudadana a nivel nacional cuando recién había cumplido los 18 años en primer año de Universidad, cuando la dictadura le preguntó al país si ratificábamos la Constitución que ese año había sido presentada.

Según recuerdo, la consulta se realizó porque Naciones Unidas había puesto en entredicho el diseño de Jaime Guzmán de la Constitución. La pregunta fue puesta sobre la mesa bajo el concepto ideológico si los chilenos queríamos que Naciones Unidas nos dijeran cómo teníamos que vivir. El ambiente era complicado en ese entonces y la consulta estratégicamente toco ese amor propio de independencia que tenemos todos los chilenos a pesar que sufrimos una dura dictadura, sumados al miedo se tenia ante los servicios de inteligencia, que te hacían desaparecer si encontraban algo. Se decía para infundir miedo, que si no votabas a favor de la ratificación de la Constitución, ellos lo sabrían de algún modo y que lo mejor era votar a favor para evitar problemas y lógicamente se ratificó la Constitución a pesar que vote en contra de ella. Esa consulta posiciono hasta los días de hoy esa nefasta Constitución y que tanto daño le ha hecho al país. Hace poco se constató, que fue manipulada por la dictadura, lo que no sorprende en nada.

En lo más álgido de la lucha en contra de HidroAysén, como secretario y vocero de la Corporación Costa Carrera (agrupación de empresarios y dueños de tierras del lago General Carrera) salió de nuevo el tema de hacer una consulta ciudadana por el tema del proyecto. Fui tremendamente en contra y me la jugué por ello; entendía que era poco inteligente ir a disputar los votos con una transnacional extranjera como HidroAysén, que de realizarse la perderiamos. No podíamos bajo ningún punto de vista correr ese riesgo y era estratégico entender, que no podíamos pretender disputar algo tan relevante para la región y para Chile en una simple consulta ciudadana que marcaría una tendencia, menos si no teníamos ningún tipo de financiación que nos igualara con la transnacional para enfrentar el desafío de una decisión tan relevante. Eso me significo entre otras cosas ser considerado por los estamentos que supuestamente lideraban Patagonia Sin Represas en Aysén y Santiago como persona no grata.

En Aysén entretanto por un tiempo ponían a la consulta como una solución directa y democrática; sin entender que las consultas para que sean representativas, reales, directas y democráticas, las partes deben estar en igualdad de condiciones y eso en si mismo era imposible. En Corporación Costa Carrera en esos años, teníamos claro que nunca podríamos ir en igualdad de condiciones ante una transnacional extranjera de la envergadura planetaria de HidroAysén, donde solo su director ejecutivo ganaba 60 millones mensuales y que la encargada de Recursos Humanos en Aysén, Maria Soto, ganaba 20 millones mensuales. Habíamos calculado que la transnacional podía perfectamente depositarle a cada aysenino un millón de pesos para lograr el voto y era barato. En la región las organizaciones que no queríamos a HidroAysén, andábamos a palos con las águilas, poniendo de nuestro bolsillo muchas veces para entrar en batalla. Además; la consulta era precisamente lo que buscaba HidroAysén, porque contaba con sus portentosos recursos económicos y el apoyo de la Moneda y del gobierno regional. Por suerte, con el tiempo la idea de hacer una consulta ciudadana pasó al olvido y con el tiempo no se habló más de ello. Tengo plena seguridad, que si en esos años (2007-2010) se hubiese hecho la consulta, HidroAysén hubiese salido victoriosa y con un amplio margen y en la actualidad el sur de Aysén desde Cerro Castillo a Villa O’higgins, estaría intervenido por la construcción de cinco represas, con una región destruida medioambientalmente, porque la Moneda y el gobierno regional hubiesen usado la consulta como base de sustentación para favorecer el proyecto.

En el tema de la consulta ciudadana realizada el domingo recién pasado en la comuna de Chile-chico por el tema del Parque Patagonia, marca la misma tendencia de los años de HidroAysén a una escala menor claro esta de los intereses creados del mundo de las transnacionales extranjeras y sus intermediarios, el Alcalde Ibarra (DC) y el honorable senador (UDI) David Sandoval Plaza. Tal como podía preverse ganó por un amplio margen la postura del NO al Parque Patagonia, simplemente porque el 80 % con derecho a participar en la comuna se resto. No hay que ser muy ducho para entender que el verdadero trasfondo no es si el Parque Patagonia debe existir o no y que la verdadera cuestión, es si se permite que mineras extranjeras entren en la cuenca del Carrera y si tienen la capacidad de producir como corresponde. Hacerse parte de la consulta era seguirle el juego a los intereses creados del mundo minero y el circo que montaron el senador Sandoval y el alcalde Ibarra.

No olvidemos que el proyecto es una iniciativa de la empresa Australiana, Laguna Gold (Laguna de Oro) que en el año 2016 compró la mina El Toqui, que hace unas pocas semanas atrás fue sumariada por daño ambiental y multada en más de mil millones de pesos, que demuestran que a estas empresas extranjeras les conviene mucho pagar las multas que respetar el medio ambiente y eso en Aysén no debe ser permitido. Poco se sabe, que esta empresa pretende instalar 100 plataformas de sondaje y los intereses creados que ayudan a estas empresas a by pasear los intereses ambientales de la región, hacen que en la actualidad en la cuenca del lago General Carrera, no se tenga información fidedigna de cuales son los reales intereses mineros.

La Corporación Costa Carrera y la agrupación Reserva de Vida, le solicitaron al director regional de SEA, Claudio Aguirre, iniciar un proceso de participación ciudadana para establecer el proyecto con transparencia ante las comunidades. En el mes de marzo el pedido fue declarado inadmisible y como corresponde, las mismas organizaciones presentaron un recurso de reposición ante el SEA de Aysén ante su director ejecutivo y nuevamente fue rechazado el pedido. En la actualidad el recurso esta pendiente de la decisión a nivel nacional y veremos que pasa.

Lo que se debe entender y en esto el senador David Sandoval Plaza es muy hábil en la presentación que hace ante los medios y no tengo duda alguna que fue la orden que recibió de su partido en Stgo y el es muy responsable en esas cosas; que esto no es si se declara que la actividad minera debe prevalecer ante el turismo que se desarrolla en el municipio. Si no sobre la importancia de hacer las cosas bien, de acuerdo con los parámetros regionales, tomando en cuenta las ventajas comparativas, el sello verde y la denominación de origen que proyecta Aysén en los diferentes desarrollos que realizan las comunidades y que toda actividad para asentarse en la región debe ser transparente y clara en sus fundamentos.

Los Estudios de Impactos Ambientales (EIA) deben ser puestos sobre la mesa antes de cualquier consulta ciudadana, porque permiten tener claros las formas y los fondos de los interesados y las comunidades deben ser parte de esas evaluaciones. Aysén como parte del territorio nacional, debe estar abierta a todo de tipo de emprendimiento, pero bajo la ley vigente y con reparticiones públicas que velen por la territorialidad vigente y no por los intereses creados de las transnacionales extranjeras, que ven en Chile y muy especialmente en Aysén la posibilidad de ganar mucho invirtiendo poco. Aysén, no puede vender su futuro a intereses foráneos en perjuicio de la sustentabilidad de su gente.